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Información para los que piensan iniciar una psicoterapia o un proceso de crecimiento personal |
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La práctica de la psicoterapia es conveniente para las personas que experimentan sufrimiento o malestar de forma estabilizada, aunque pueda ser cíclicamente, a causa principalmente de factores que proceden de su propio psiquismo (aparte de otros que puedan ocurrir, derivados de circunstancias frustrantes o conflictivas causadas por circunstancias económicas, enfermedades orgánicas, etc.). El sufrimiento de dichas personas puede manifestarse en formas diversas, según los casos, como depresiones, angustias, miedos, obsesiones, etc. Frecuentemente la persona se dará cuenta de la falta de fundamento de algunos de sus sufrimientos, o al menos de la intensidad de los mismos; o comprenderá que cambiando algunos modos de proceder en su vida podría evitarlos. Sin embargo reincidirá una y otra vez en el sufrimiento, y en algunos factores que lo provocan. Se sentirá impotente para evitarlos. Estas depresiones, angustias, miedos, u obsesiones, etc. Pueden manifestarse en casi todos los capítulos de la vida, o principalmente en alguno de ellos como son: la relación de pareja, las relaciones paterno filiales, las relaciones en el campo laboral, la actividad económica, el tiempo libre, los criterios éticos, las creencias religiosas, el sentido de la vida. Otras personas serán las que se percatan de que una y otra vez causan sufrimiento a otros sin poder evitarlo, aquellas cuyos allegados se quejan habitualmente de ellos, a pesar de tratarse de familiares, compañeros, etc. Que no se caracterizan por tener dificultades en sus relaciones interpersonales. Asimismo, las personas que experimentan estados de confusión mental (por ejemplo, confusión entre la realidad y la fantasía), o a quienes sus allegados achacan frecuentemente el ver amenazas sin fundamento, distorsionar de forma acentuada la imagen de sí mismo y de los otros. O personas que experimentan en alto grado sentimientos de inseguridad, falta de identidad, etc. También puede ser útil la psicoterapia para las personas que, al menos de una manera vaga, tiene dificultades en el ejercicio de algunas de las capacidades psicológicas concretas, tales como: disfrutar ante situaciones placenteras, fluidez en la expresión de los sentimientos o pensamientos, defender sus derechos frente a los otros, saber comprender a los demás, saber qué quieren, qué necesitan (independientemente de lo que los demás digan que desean o necesitan), decidir con lucidez y libre de presiones, dar y recibir afecto y ayuda en forma sana, tener seguridad en sí mismo sin ser irreal…, en fin, y resumiéndolo globalmente, poder valorarse a sí mismo y a los demás y saber resolver eficazmente los problemas variados que la vida va presentando en cada momento.
Es acudir a realizar un tratamiento sin medicamentos con un profesional (normalmente un psicólogo Licenciado en Psicología por la Universidad, como es el caso de este consultorio) para resolver problemas psíquicos de malestar interno estable o repetitivo (p.e.: depresión, ansiedad, obsesiones, confusión, falta de autoestima, somatizaciones, estrés, insomnio, tensión, dificultad de disfrutar, falta de sentido de la vida), o que suponen una limitación en el comportamiento (p.e.: fobias, indecisión, falta de voluntad, impulsividad, desorientación, adicción al placer, drogadicción), o que generan problemas en las relaciones (p. e.: timidez, perfeccionismo, problemas sexuales, de pareja, laborales, malestar con la familia, resentimiento, exceso de dependencia, introversión, dificultad de diálogo, exceso de egoísmo, inadaptación, falta de habilidades en el trato, etc.). En algunos pocos casos el psicólogo puede pedir a la persona que solicita psicoterapia que complemente su tratamiento temporalmente acudiendo a un médico-psiquiatra que recete alguna medicación. La psicoterapia es un "proceso", o sea, algo que requiere un tiempo en el cual la persona que acude a ella va aprendiendo a enfocar de una manera más funcional sus problemas y a encontrar nuevas respuestas a los mismos, con ayuda y acompañamiento del psicólogo-psicoterapeuta. No se trata, por lo tanto, de que el psicólogo "cambia a la persona en otra distinta", sino de que éste, en colaboración con el cliente, forma una especie de "equipo de trabajo" destinado a enfocar las áreas conflictivas que éste le propone y juntos exploran recursos que la persona afectada posee y no está utilizando porque o no los conoce, o no sabe utilizarlos. En este sentido, la psicoterapia sí puede "cambiar" a la persona (lo mismo que la cambia el aprender un nuevo idioma) porque enseña nuevas actitudes, lo que no significa que "deja de ser ella": es ella misma con más riqueza de recursos para afrontar la vida y el objetivo de la terapia es precisamente promover esos cambios. Además de las personas que tienen ese tipo de problemas, también pueden acudir a un proceso similar las personas que quieren conocerse mejor y desean obtener algún tipo de diagnóstico, las personas que se encuentran con un problema puntual parecido a los enumerados o que desean orientación cuando lo sufre una persona cercana, o las personas que sin tener problemas similares a los mencionados, desean aumentar sus capacidades psicológicas (creatividad, comprensión del otro, concentración, etc.) Normalmente se acude a una sesión semanal de una hora durante el tiempo que dura el proceso (que varía según los casos).
Los procedimientos de interacción que se utilizan son los propios del modelo de la Psicoterapia Integradora Humanista, creado por los directores del Instituto desde el año 1985 y sobre el que ofrecemos un artículo informativo en esta Web, como también la presentación de los dos volúmenes sobre nuestro manual de Psicoterapia Integradora Humanista. En este modelo, los marcos de referencia son: a). la perspectiva holista y sistémica de la terapia General de los Sistemas de L.Von Bertalanffy. b). la perspectiva existencial. c). la perspectiva constructivista. d). una perspectiva humanista que entiende la psicoterapia como superación de los obstáculos del vivir creativo. Los procedimientos de interacción utilizados pueden ser verbales, de actividad imaginaria, y psicocorporales. Aparte de los creados por los autores del modelo, de acuerdo con nuestro enfoque metodológico integrador, se incluyen técnicas terapéuticas (como también teorías) procedentes principalmente del Análisis Transaccional (preferentemente según el enfoque de la Escuela de los Goulding, más que de la Escuela Clásica), la Psicoterapia de la Gestalt (preferentemente según la línea del Instituto de Cleveland), el Focusing de Glendin, la Terapia postrogeriana de Egan, Psicoterapia con imágenes y fantasía, Psicoterapias corporales (como por ejemplo, la bioenergética), Psicodrama, hasta un total de más de veinte modelos terapéuticos. Ocasionalmente también se utilizan técnicas de Psicoterapia conductual-cognitiva. Como elementos del denominador común de dichos procedimientos están los propios de lo que entendemos por un enfoque psicológico humanista, como son: el concepto de crecimiento personal o autorrealización como meta de la terapia, la importancia de las actitudes del terapeuta para la eficacia de su trabajo (entre otras, las señaladas por Rogers: empatía, aceptación incondicional, autenticidad) y el uso pluralista y creativo de las técnicas. En relación con el último punto, el terapeuta puede proponer al cliente de la terapia - para el avance en el proceso de autoconocimiento y de su curación o de su crecimiento personal con diversidad de ejercicios, como por ejemplo: ejercicios con fantasías guiada (con la asimilación posterior del material simbólico que en ellos aparece), ejercicios centrados en el descubrimiento de los mensajes encubiertos tras la comunicación verbal; ejercicios centrados en la receptividad a los mensajes que nos envía nuestro propio cuerpo; expresión corporal; dramatización de escenas no resueltas emocionalmente; juegos en subgrupos; ejercicios de regresión (para la superación de asuntos pendientes a raíz de sucesos traumáticos), trabajos con dibujos o música, etc. La aplicación, en un momento dado, de uno y otro tipo de procedimiento dependerá de los métodos utilizados por el psicoterapeuta, de la peculiaridad de la persona concreta a la que se dirige, de la fase del proceso terapéutico en que se encuentra y del tipo de problemas a trabajar (dada nuestra visión de que es posible y enriquecedor un enfoque integrador de los diversos modelos terapéuticos, en vistas al logro de una psicoterapia humanista abarcativa de una amplio espectro de recursos).
A veces la persona acude a psicoterapia solicitando ayuda para un objetivo muy concreto y puntual; por ejemplo: superar un gran miedo a los exámenes, ser capaz de dar una conferencia publicitaria a cien o más personas si se lo exige su trabajo profesional, superar reacciones de agresividad descontrolada con su pareja o similares. En estos casos es posible que la terapia, excepcionalmente, pueda ser muy breve, de diez sesiones por ejemplo. Si se quiere profundizar más, aún a partir de los problemas concretos como los anteriores, pero en especial si los problemas son de mayor relevancia y cuantía, y se quiere lograr un cambio radical superando los obstáculos psíquicos (del “guión de vida”) que bloquean o distorsionan el desarrollo del potencial humano o crecimiento personal, la terapia durará como mínimo algunos meses, y normalmente uno o dos años o más. No se puede pretender experimentar un proceso de desestructuración y reestructuración de la personalidad en unas pocas semanas. Dada la importancia de la relación interpersonal entre un psicoterapeuta y un cliente o paciente, por la intimidad del contenido de sus diálogos, por la duración de la experiencia y por los requisitos que establecemos generalmente en las Psicoterapias Humanistas en cuanto al alto grado de confianza, autenticidad de la comunicación, de la liberta de expresión y afecto entre ambos, se comprende que la decisión de aceptar compartir juntos esta experiencia – tanto por parte de la persona que acude al Instituto, como por parte del terapeuta–, no debe tomarse a la ligera. Cualquiera que sea la decisión final, sólo se tomará si ambos están de acuerdo y la aceptan. Asimismo, en la elección del terapeuta –contando que éste disponga de horas compatibles con el cliente y acepte hacerse cargo del caso concreto–, se habrá considerado a veces el método terapéutico que utiliza, o algunas características personales como sexo, edad, capacidades, sensibilidad, etc.
A veces se recomendará psicoterapia individual cuando se considere importante una dedicación exclusiva del terapeuta al cliente durante las sesiones, cuando no se trata de una persona cuyos cambios principales a lograr tengan que ver con los problemas de comunicación y relación interpersonal, y no haya dificultades económicas para pagar su coste. En cambio, se recomendará terapia grupal, por ejemplo, cuando el contrato terapéutico se refiera principalmente o exclusivamente a problemas de comunicación interpersonal, o cuando no hay posibilidad de pagar una terapia individual de periodicidad quincenal, o incluso mensual. En principio tenemos establecido que se practiquen dos sesiones individuales – o una de dos horas - antes de vincularse a un grupo. En los casos en que los problemas a tratar se refieran claramente a conflictos en la relación de pareja y ambos miembros estén dispuestos a participar en las sesiones, podrá recomendarse la psicoterapia de pareja, utilizando técnicas de Análisis Transaccional, la Psicoterapia de la Gestalt, o la Terapia Familiar Sistémica.
El contrato terapéutico es el acuerdo que establecen el cliente y el terapeuta sobre los objetivos que aquél quiere conseguir y sobre los procedimientos que están dispuestos a emplear. El contrato debe ser formulado por ambos de común acuerdo y de forma clara y concreta. No siempre se encuentra el cliente en condiciones de precisar desde el primer día los aspectos concretos del cambio que quiere lograr. A veces solo podrá decir: “quiero sentirme más feliz”, o “quiero avanzar en mi crecimiento personal”, o “quiero conocerme mejor a mí mismo”, etc., en cuyo caso el terapeuta le ayudará para que formule, en la medida de lo posible, objetivos más precisos (sin excluir los objetivos generales indicados). Normalmente, a partir del contrato terapéutico inicial, decidido en alguna de las primeras entrevistas, y ya anticipado al responder el apartado 1 de Cuestionario Básico que se responde antes de realizar la primera entrevista, se irán sucediendo contratos referidos a aspectos concretos a lo largo del proceso terapéutico. En cuanto a los medios o tareas que estarán dispuestos a realizar tanto el cliente como el terapeuta, para el logro de aquellos objetivos, también convendrá ponerse de acuerdo, al menos en los aspectos previsibles más importantes. Habrá personas a las que, por sus características, el terapeuta no invitará a ir formulando contratos sucesivos de antemano, (al estilo del Análisis Transaccional), sino que esperará a que emerjan más o menos espontáneamente en algunos momentos del proceso (más en la línea de la terapia Gestalt). En el contrato, aparte de los aspectos anteriores, hay que incluir otros puntos de carácter más administrativo, que ya se habrán anticipado al responder la Ficha Personal, o bien en ocasión de la primera entrevista, como son: el procedimiento individual, o grupal, o mixto, o de pareja; el importe de la terapia y forma de pago, la sesión primera (de dos horas, o dos de una hora), los días y horas en las que el cliente tiene la posibilidad de comprometerse a acudir a la sesión semanal, preferencias sobre la edad de la o el terapeuta, etc. Cuando se pueda constatar que el cliente y el terapeuta no pueden alcanzar un acuerdo sobre los objetivos terapéuticos y los medios a emplear, será preciso que no formalicen contrato, y la persona se dirija a otro profesional.
Acostumbran a ser tres las psicólogas o psicólogos de nuestro equipo entre las que se elige la o el profesional que se encargará de atender la primera sesión, normalmente de dos horas, y realizará un estudio inicial del tipo de personalidad del cliente, teniendo presente tanto sus respuestas al Cuestionario Básico como sus comunicaciones durante la primera sesión. Solamente en algunos casos coincidirá que esa misma persona vaya luego a atender la psicoterapia del cliente.
Podemos resumirlos en lo siguientes: a). Comunicar con la máxima espontaneidad posible y sabiendo que uno será escuchado con respeto, comprensión y aceptación, las vivencias y experiencias personales causantes de sufrimiento, y sobre todo lo que se intuya útil de comunicar para sentirse lo mejor conocido y comprendido posible. b). Responder con autenticidad a las preguntas que formula el terapeuta para completar la información adquirida en a). A veces podrán también utilizarse ejercicios, cuestionarios, escalas o tests a responder por escrito, o con dibujos. c). Ensayar la práctica de alguna técnica terapéutica tanto en las sesiones como fuera de ellas, para ir comprobando en qué tipo de técnicas la persona responde con mayor efectividad de entrada. d). En el caso, poco frecuente, en que la persona que atiende a la solicitante de psicoterapia en las dos primeras horas sea la misma prevista como psicoterapeuta para su caso, irá comprobando si se van superando con facilidad las dificultades iniciales en la comunicación terapéutica y se experimenta un creciente sentimiento de confianza, libertad de expresión, sensación de ser comprendido, respetado y tratado con afecto.
En el modelo que se sigue en este consultorio, el terapeuta se compromete –y por lo tanto se le puede exigir-, además del cumplimiento de los deberes señalados en el Código Deontológico del Colegio Oficial de Psicólogos: a) A guardar secreto sobre lo que el cliente le informe, no pudiendo revelar nada de lo que en las sesiones se le revele, y a ocultar nombre y datos que pudieran permitir su identificación, en la supervisión clínica. b) A atender con puntualidad al cliente, en la hora que se le hubiese reservado, y avisar de los cambios de hora que ocasionalmente pudieran darse, con veinticuatro horas de antelación, como mínimo; y atenerse al cobro de la cantidad previamente pactada, avisando con un tiempo prudencial (un mes como mínimo) del cambio de honorarios. c) A tratar al cliente con respeto, no presionándole a realizar actividades o cambios que éste no desee realizar. d) A proponer las actividades que considere productivas para el proceso, y comunicar con autenticidad las expectativas respecto al mismo y, por lo tanto, dar por concluida la psicoterapia cuando se ha obtenido el resultado buscado o cuando no se ve la posibilidad de lograrlo.
El cliente que acepte ser atendido en este consultorio, por su parte, se compromete: a) A facilitar al psicoterapeuta, con la máxima autenticidad posible, la información que necesite para realizar su tarea. b) A acudir con puntualidad a la hora señalada para las sesiones, abonando la cantidad pactada, y a avisar con veinticuatro horas de antelación como mínimo de la no asistencia a alguna sesión concreta (debiendo abonar su importe si no se dio el aviso con esa antelación). c) A ser respetuoso consigo mismo y con la autenticidad y espontaneidad de la relación terapéutica, manifestando al terapeuta cuándo no desea realizar alguna de las actividades propuestas, o aquéllas actitudes del terapeuta que le hacen difícil la psicoterapia. d) A colaborar con el psicoterapeuta en forma activa en la marcha del proceso (realizando las actividades y tareas que el terapeuta proponga, salvo que tenga alguna razón para oponerse, que explicitará), y a informar con sinceridad de sus expectativas respecto al mismo.
Hay algunos programas, entre los pertenecientes a la Escuela de Crecimiento Personal, que pueden resultar de gran utilidad para algunos clientes de terapia, en especial los programas como los de Análisis Transaccional: Un procedimiento para la comprensión de uno mismo y de los otros, el crecimiento personal en la soledad y la comunicación afectiva, El arte del amor de pareja, El crecimiento personal en las edades de l adulto joven y del adulto maduro, etc. Estos programas no se imparten todos los años. También es recomendable, con este fin, la lectura del libro de Ana Gimeno-Bayón, Comprendiendo como somos, de la editorial Desclée. Cuando los que solicitan la psicoterapia lo hacen como uno de sus medios de formación, por tratarse de psicólogos, psiquiatras, pedagogos, etc., se supone que podrán cursar, según sus intereses, cualquiera de los cursos que ofrecemos en el Instituto para la formación de terapeutas. A veces, a los que practiquen terapia individual, les podrá ser provechoso participar esporádicamente en algún Marathón o Encuentro intensivo de crecimiento personal, cuando tengan lugar.
Normalmente el momento mejor para darlo por concluido es cuanto tanto el cliente como el terapeuta constatan, durante varias sesiones seguidas, que se han logrado claramente, y de forma estabilizada, los objetivos que se fueron presentando en el contrato terapéutico inicial y siguientes y la persona se siente con suficiente autonomía para prescindir de la ayuda del terapeuta en su proceso de crecimiento personal. Irá bien, después de dar por concluida la terapia mantener un contacto por ejemplo mensual o trimestral, que permita el seguimiento del caso.
Podemos decir que en el marco de una enfoque holista o humanista hablar de trabajos y procedimientos para el crecimiento personal o de psicoterapia viene a ser lo mismo. De todas formas, entendemos, suponemos que el que solicita “crecimiento personal” es una persona que no se encuentra con un tipo de malestar o sufrimiento estable de los indicados en 1, pero quiere beneficiarse de los procedimientos terapéuticos para incrementar el desarrollo de su potencial humano, es decir, para estimular su crecimiento (psicológico) personal, al menos en algunas de sus dimensiones (a las que nos referíamos en el último párrafo de 1). A veces se tratará de personas que considerando que van a tener que enfrentarse próximamente con situaciones difíciles y especialmente frustrantes –en cualquier área de la vida: afectiva, laboral, etc.– quieren, por así decir, potenciar su fortaleza psicológica, como preventivo de los posibles efectos nocivos de esas situaciones. Se supone que cuando un psicólogo, o profesional afín, acude, predominantemente con finalidad formativa, se implicará también vivencialmente en la terapia en vistas a facilitar dicho crecimiento personal. No hay que olvidar el caso de la persona que, aún reconociendo que en conjunto “no se encuentra mal”, intuye la posibilidad de tener problemas psicológicos encubiertos con los que prefiere enfrentarse en vistas a su conocimiento y a la superación de los mismos. AVISO IMPORTANTE En nuestro Instituto no atendemos urgencias. Podemos orientar sobre dónde pueden atender a una persona con esta demanda, para que le asignen –como ayuda provisional–, un tratamiento farmacológico, a la espera de que podamos asignarle una psicóloga –o psicólogo– de nuestro equipo para una atención psicoterapéutica. En algunas ocasiones será posible atenderle cuando haya pasado poco más de una semana desde la primera entrevista, pero también podrá ocurrir, en no pocos casos, que tenga que esperar más de un mes, sobre todo si la franja de horarios y características del terapeuta solicitados son muy estrechas. Al respecto es más fácil, por ejemplo, atender a una persona que puede acudir por las mañanas y le sea indiferente la edad o sexo del terapeuta. NOTA: Para su mayor comodidad de mantener copia del texto anterior, le facilitamos su descarga en formato PDF pulsando AQUÍ Ver:
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